En Villafría de la Peña, al norte de Palencia, se encuentran Los Chozos. Una finca llena de imaginación y dedicación donde disfrutar e inspirarse.

Llevaba tiempo sin escribir. Digamos que no he encontrado la oportunidad o la inspiración. Esas dosis que un creador de contenido necesita para desarrollar una buena idea, o desarrollar(se) a secas. Dicen que la creatividad es un momento fugaz, ese halo de luz que nos deslumbra y a partir del cual, podemos ver el camino. Creedme, cuesta encontrarse con ella.

En todo este tiempo, he descubierto canciones, he leído muy buenos textos, mirado imágenes, incluso visitado lugares que, de verdad, despiertan algo dentro de uno mismo. Pero esta vez ha sido diferente. Un momento puntual, un lugar y una persona, han sido los elementos clave para encontrar esa inspiración con la que se suceden las palabras de esta historia.

El protagonista de mi historia es Carlos, uno de los pocos habitantes que quedan en Villafría de la Peña, al norte de Palencia. A sus 73 años, Carlos todavía sigue dando alas a la imaginación de los más pequeños y también a aquellos que anhelan tiempos pasados.

El escenario: la Montaña Palentina. A 1.335 metros de altitud, en una de las grisáceas peñas que protegen el Santuario de la Virgen del Brezo; entre árboles de hoja caduca, ramajes y arbustos silvestres, emerge un verdadero museo al aire libre. Una serie de construcciones y creaciones, a base de madera, tejas, cemento y metales, que simulan diferentes edificaciones de otras épocas, lugares emblemáticos de la zona e incluso animales autóctonos.

En este lugar, bautizado como Los Chozos, podemos encontrar el hórreo, la fragua, el colmenar, la cantina, el molino de grano, hasta una pequeña reconstrucción de una mina. También, hay tallas de animales de la zona, como los burros, osos, ciervos, cigüeñas, jabalíes… Todo repartido y diferenciado con su año de creación, donde no falta ni un solo detalle.

Según nos cuenta Carlos, de gesto afable, su primera edificación fue El chozo, o mejor dicho, «el de las escobas» como él mismo lo llama. Esta construcción del año 2011 representa algo muy típico de la Montaña Palentina, el lugar donde se refugiaban antiguamente los pastores. A partir de ahí, la imaginación ha hecho de las suyas y se han ido sucediendo el resto.

Parece mentira que sea un trabajo al que lleva dedicando solo tiempo desde la jubilación, como nos ha confirmado. Él mismo, con sus propias manos y la ayuda de su tractor Delfino 35, ha ido levantando uno a uno cada uno de Los Chozos.

Año tras año, el museo sigue creciendo. En estos momentos, se encuentra atareado en la construcción de un garaje para un coche antiguo que custodia en casa. Una pieza de la colección a la que tiene mucho cariño y que espera que se disfrute, al igual que se respete y se cuide, como el resto del recinto.

Medio día, hora del almuerzo. Con su buzo azulón, Carlos monta en el Delfino de color chillón acompañado de su remolque, con el que tranquilamente baja la peña y llega a su casa de Villafría a comer.

Gracias Carlos por mantener viva nuestra imaginación.

S.

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